
Marvel· Reseña·
Daredevil #8: una droga que quita el miedo, en la ciudad del hombre sin miedo
Stephanie Phillips arranca "City Without Fear" con un Mister Fear rediseñado para dar pesadillas y una idea de las que pican: ¿y si lo peligroso no fuera el miedo, sino no tenerlo? Lee Garbett dibuja de lujo. El guion, a ratos, va con el freno de mano.
Yo de pequeño tenía miedo a tres cosas: al armario de mi cuarto, al Chucky de los videoclubs y a mi abuela cuando decía mi nombre completo. Lo del armario se me pasó. Lo de Chucky, no del todo. Y lo de mi abuela era sano, porque el miedo, aunque nadie lo quiera admitir, es lo que te impide cruzar la autopista corriendo o decirle a tu jefe lo que piensas de él en la cena de Navidad. El miedo te mantiene vivo. Y de eso, exactamente de eso, va este Daredevil #8.
Stephanie Phillips arranca aquí un arco nuevo, "City Without Fear", y para ello rescata a Mister Fear, el villano de toda la vida de Daredevil, ese señor que lleva desde los sesenta echándole gas del miedo a la gente como quien echa ambientador. Solo que ahora Larry Cranston (que así se llama el de la máscara, y que suena a gestor de seguros de Ohio) ha tenido una idea al revés: en lugar de dar miedo, lo quita. Saca a la calle una droga, Valor, que te deja sin una gota de miedo. Y claro, los bomberos se meten en edificios en llamas sin pensarlo, los polis se lanzan a lo loco y la gente empieza a hacer tonterías que acaban en la morgue. Las víctimas lloran lágrimas negras y se quedan con una sonrisa congelada de dientes podridos que no se te va de la cabeza en una semana.

La idea es buenísima, y lo es porque Phillips la conecta con algo que conocemos todos. El número abre con una página de nueve viñetas de telediarios, tertulianos gritando, ruedas de prensa y predicadores anunciando el fin del mundo, y Mister Fear mirándolo todo en una pared de pantallas. "Antes me daba miedo la oscuridad", dice. A Larry lo que le da miedo ahora es encender la tele, como a todos. Y su solución es la de los vendedores de crecepelo: un frasco que te lo quita. Si esto no es un tebeo sobre los tiempos que corren, que baje Stan Lee y lo vea.

Y luego está el rediseño. El nuevo Mister Fear es una gabardina negra que le tapa entero, una máscara de calavera con unas gafas de soldador cosidas a la cara y una cremallera por boca. Es lo más inquietante que le he visto a Lee Garbett, y hay una página, la de "Maldita sea, Larry, no hay nada de qué tener miedo", con Fear abrazado a una víctima sonriente que llora negro, que me hizo dejar el tebeo encima de la mesa y mirar un rato a la pared. Bien por Garbett. Mal por mi sueño.

Garbett, que vuelve a la serie tras dos números fuera, está en estado de gracia, con un Daredevil que es un borrón rojo cuando pelea y siluetas a página entera que parecen sacadas de una película de Fincher. El color de Frank Martin juega muy bien con la luz y la sombra, y la rotulación de Ariana Maher hace que Fear hable como si te susurrara desde debajo de la cama.
¿Y Matt? Matt está hecho polvo. Dejó escapar a Elektra con el libro de cuentas de Fisk al final del número anterior y no sabe muy bien por qué, Foggy le tiene que levantar del sofá, en la universidad donde da clase piensan que es un desastre y está a punto de dimitir. Ahí está, por cierto, la parte más interesante del número: el hombre sin miedo es un tío que vive cagado de miedo. De fallar a sus alumnos, de Elektra, de sí mismo. Phillips lo deja ver en cada puñetazo, y eso le da al personaje un fondo que se agradece.
Ahora, las pegas, que alguna hay. El arco de Elektra se queda colgando como una toalla en el tendedero, y este número arranca otro sin cerrar aquel, con lo que uno tiene la sensación de haberse saltado un capítulo. El plan de Fear está apenas esbozado: no sabemos cuándo lo pensó, ni cómo lo fabrica, ni por qué ahora. Y por mucho que el mundo esté como está, cuesta creerse que media Nueva York se meta una pastilla que te convence de saltar por la ventana. Lo de que Fear enlace la bajona general con su negocio está muy bien traído, pero el guion va con el freno de mano puesto.
El final, eso sí, es de los que te dejan con la boca abierta: justo cuando Matt va a dimitir, aparece Fear en la universidad. Y ahí, en clase, entre pupitres, el miedo vuelve a hacer su trabajo. Daredevil #8 no es un número redondo, pero tiene la mejor idea que le he leído a Phillips en esta serie, un villano que da miedo de verdad y un dibujante que lo sabe pintar. Que es más de lo que le pido a la mayoría de los tebeos. Y a mi abuela.
¿Merece la pena?
Un Mister Fear que da miedo de verdad, una idea muy potente y un Lee Garbett en plena forma. Le sobran prisas y le faltan explicaciones, y el arco anterior se queda colgando, pero el gancho funciona.
A favor
- Mister Fear, rediseñado como una pesadilla con gafas de soldador y cremallera por boca.
- La idea de Valor, la droga que te quita el miedo, y lo que dice del mundo de los telediarios.
- Lee Garbett y Frank Martin: luz, sombra y siluetas de cine negro.
En contra
- El arco de Elektra y el libro de cuentas de Fisk se queda sin cerrar.
- El plan del villano está esbozado: no sabemos ni cómo ni por qué.
- Que una ciudad entera se meta una droga que te hace tirarte por la ventana cuesta de creer.
Lagarto Estrada