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Portada de Spider-Woman #1 (2026): Spider-Woman, agachada en una cornisa, con las manos llenas de electricidad
Portada de Spider-Woman #1, que sale el 4 de noviembre. © Marvel

Marvel· Análisis·

Spider-Woman cumple 50 años y nadie se ha dado cuenta

Nació para que Marvel no perdiera un nombre, murió por falta de ventas, resucitó, la suplantó una reina Skrull y aun así sigue aquí. Este miércoles Jessica Drew estrena serie nueva. Repasamos la historia de una heroína que nunca ha tenido el sitio que merecía, y por dónde empezar a leerla.

Iñigo Vidal4 min de lectura

Hay personajes que nacen de una idea y otros que nacen de un trámite. Spider-Woman nació de un trámite. A mediados de los setenta, en Marvel temían que otra editorial registrara el nombre y sacara una "mujer araña" que les comiera terreno a costa de Spider-Man. Así que se adelantaron. Lo contó Stan Lee muchos años después, sin ningún romanticismo: había que inventarse a alguien rápido para quedarse con el nombre.

Ese alguien fue Jessica Drew, y lleva cincuenta años demostrando que era mucho más que un registro de propiedad.

Una espía que no sabía quién era

Apareció por primera vez en Marvel Spotlight #32, en febrero de 1977. La escribió Archie Goodwin y le dio forma Marie Severin, que diseñó un traje rojo y amarillo que todavía hoy es de los mejores de Marvel. Y la presentaron como algo raro para la época: una agente de Hydra a la que le habían lavado el cerebro, convencida de ser una araña convertida en mujer.

Portada de Marvel Spotlight #32: Spider-Woman, con su traje rojo y amarillo, salta sobre Nick Furia gritando que va a matarlo
Marvel Spotlight #32, la primera aparición de Jessica Drew, en 1977. © Marvel

Ese es el primer rasgo del personaje, y el que más le ha acompañado: Jessica Drew nunca ha sabido muy bien quién es. Su origen se ha reescrito tantas veces que ya ni ella lo tiene claro. Primero fue una araña evolucionada, luego una niña que recibió un rayo cargado de ADN de araña, luego la hija de un científico pagado por Hydra. Cada guionista le ha cambiado el pasado, como quien redecora una casa en la que no vive.

La primera que se fue

Tuvo serie propia muy pronto, en 1978, y duró cincuenta números, hasta 1983. Hubo dibujos animados, con la voz de Joan Van Ark, y durante un tiempo pareció que iba a ser la gran heroína de Marvel. Pero las ventas bajaron, y Marvel hizo lo que hacía entonces con los personajes que no vendían: la mató. En el último número muere luchando contra Morgan le Fay.

Anuncio de Marvel: Spider-Woman trepa por una pared bajo la luna con el texto "Watch out for the new Spider-Woman"
Un anuncio de la época: la nueva Spider-Woman estaba a punto de llegar. © Marvel

Volvió un año después, en The Avengers, y luego pasó muchos años sin traje, de secundaria en las series de otros. Casi nadie se acordaba de ella. Es la parte de su historia que más me gusta, porque dice mucho de cómo funciona esto: los personajes no mueren cuando los matan, sino cuando dejan de importarle a alguien.

La que no era ella

A Jessica Drew la rescató Brian Michael Bendis, primero en Alias y luego en los New Avengers de 2005, que la metieron en el equipo grande de Marvel. Por fin tenía sitio. Y entonces, en Secret Invasion, Marvel reveló que la Spider-Woman que habíamos visto todo ese tiempo era en realidad Veranke, la reina de los Skrull, que la había suplantado.

Página de cómic: Spider-Woman deja fuera de combate a Iron Man con una descarga en medio de la selva
Spider-Woman contra Iron Man, en Secret Invasion. © Marvel

Pensadlo un momento. La heroína que nunca había sabido quién era descubre que ni siquiera había sido ella durante sus mejores años. Que su gran momento se lo había vivido otra. Si eso no es una metáfora del personaje, no sé qué lo es.

La que por fin se encontró

La mejor Spider-Woman llegó en 2014, cuando Dennis Hopeless y Javier Rodríguez la sacaron de los Vengadores y la convirtieron en detective privada, con un traje nuevo de chaqueta de motorista y gafas, mucho más cómodo que el anterior. Es una serie pequeña, de casos de calle, con humor y con un dibujo precioso. Y luego, en el relanzamiento, Jessica aparece embarazada. Fue madre soltera de un niño, Gerry, y la serie habló de eso con una naturalidad que no se veía en los cómics de superhéroes.

Doble página de cómic: Jessica Drew, con un vestido verde, se abre paso a golpes entre decenas de Skrull armados
Jessica Drew contra los Skrull en la etapa de Dennis Hopeless y Javier Rodríguez. © Marvel

Si solo vais a leer una etapa de Spider-Woman, que sea esa. Es la primera vez que el personaje parece saber quién es. Después vino otra serie, de Karla Pacheco y Pere Pérez, en 2020, que le devolvió el traje clásico de los setenta. Y en el cine ha aparecido, reinventada, en Spider-Man: Cruzando el Multiverso.

Lo que llega el miércoles

Este miércoles 4 de noviembre sale Spider-Woman #1, la serie nueva de Dan Watters y Andrea Broccardo, que empezó a prepararse con un especial de aniversario en septiembre. Jessica vuelve a su vida de detective privada, con enemigos de los de siempre, algún misterio y un Carnage que, según Marvel, está "apenas contenido".

Me alegra que vuelva a lo de detective, porque es donde mejor ha funcionado. Y me da un poco de pena que su aniversario haya pasado tan de puntillas, eclipsado por los Vengadores de Zdarsky que salen el mismo día. Pero quizá sea lo justo. Spider-Woman nunca ha sido una heroína de primera fila. Es de las que están en el fondo de la viñeta, haciendo su trabajo mientras los demás se llevan los aplausos.

Cincuenta años después, sigue ahí. Que es más de lo que pueden decir muchos personajes que nacieron con más suerte.

Por dónde empezar

  • Spider-Woman de Dennis Hopeless y Javier Rodríguez (2014-2017): la mejor etapa del personaje, y la más fácil de leer sin saber nada.
  • Spider-Woman #1 (2026), de Dan Watters y Andrea Broccardo: la nueva serie, que sale este miércoles y está pensada para que entre gente nueva.
  • Marvel Spotlight #32 (1977): para quien quiera ver de dónde viene todo.
  • Secret Invasion (2008): para entender por qué Jessica Drew tiene tantos motivos para no fiarse ni de sí misma.