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Portada de The Amazing Spider-Man #1002: Spider-Man salta sobre Ravage, que dispara un rayo de luz desde su máscara dorada
Portada A de Pepe Larraz y Marte Gracia. © Marvel

Marvel· Reseña·

The Amazing Spider-Man #1002: Pepe Larraz dibuja como un dios y alguien le ha pasado el rodillo por encima

Segundo asalto contra Ravage, con tía May en medio y un Peter con el sentido arácnido en modo turbo. Joe Kelly escribe con nervio, Larraz se sale y el color, por desgracia, se empeña en tapar las dos cosas.

Lagarto Estrada6,5/104 min de lectura
Aviso: contiene spoilers de The Amazing Spider-Man #1002.

Voy a empezar por el final, que es como empiezan las buenas discusiones de bar: Pepe Larraz es el mejor dibujante que tiene ahora mismo Spider-Man, y probablemente uno de los tres o cuatro mejores que tiene Marvel. Lo digo yo, que me crie con McFarlane fotocopiado y que todavía creo que la telaraña debe tener muchas rayitas o no es telaraña. Y precisamente por eso este número me ha dejado un regusto raro, como cuando vas a ver a tu grupo favorito y el técnico de sonido ha decidido que lo importante es el bombo.

Pero vamos por partes. The Amazing Spider-Man #1002 es el segundo asalto entre Peter y Ravage, que resulta ser Cormac, un primo que le ha salido a Peter de la nada (los primos, en Marvel, salen como las setas) y que dice, ojo, que el tío Ben era su padre y que quiere ser el hijo de May. Cormac le ha borrado a la tía May los recuerdos de su sobrino, se la ha llevado a su mansión a una hora de Manhattan y ahora le suelta a Peter todo lo que llevamos sesenta años pensando y nadie se atrevía a decir: que le miente, que llega tarde, que llega con moratones, que prácticamente mató a su marido. "Todo lo que le has dado a tu tía May es dolor". Joder con el primo.

Spider-Man y Ravage caen peleando entre cascotes mientras Ravage le echa en cara lo que ha hecho pasar a la tía May
«Todo lo que le has dado a tu tía May es dolor.» Dibujo de Pepe Larraz, color de Federico Blee. © Marvel

Joe Kelly escribe todo esto con mucho nervio, y la pelea, que es casi el número entero, tiene la gracia de que se pega con puños y con recuerdos a la vez: Ravage roba memorias y Peter acaba viendo y oyendo cosas del pasado de su primo que luego usa contra él. Hay un prólogo precioso, sin una palabra, con Peter de crío mirando fotos con Ben y May, y un Peter con el sentido arácnido en modo turbo (lo llaman "ultra sentido arácnido", porque en Marvel a todo le ponen "ultra" como en las teletiendas de madrugada) que le vuelve más fuerte, más rápido y bastante más bruto. También hay un rato para Gwen y Norman Osborn que está bien escrito y no se entiende del todo.

Ravage acribilla a Spider-Man con dardos explosivos mientras le dice que la tía May sabe que le miente
«Sabe que le mientes.» Dibujo de Pepe Larraz, color de Federico Blee. © Marvel

Y luego está el final, que no es un final. No hay explosión, no hay puñetazo definitivo: hay un pulso, una amenaza y un Peter que se va confiando en que Ravage se portará bien, sin que el cómic nos enseñe por qué deberíamos confiar nosotros. La última página, además, te enchufa a Armageddon, el evento de turno, y uno se queda con la sensación de que le han cortado la película para poner anuncios.

Lo del dibujo y el color merece párrafo aparte, y lo merece porque duele. Larraz está en estado de gracia: las coreografías de la pelea, los cuerpos que se retuercen como si fueran de goma, las caras, los encuadres imposibles con Spider-Man cayendo de cabeza entre cascotes. Es dibujo con músculo y con sentido del ritmo, de los que se pueden leer sin bocadillos. El problema es que encima le han echado el color de Federico Blee, y el color, aquí, no acompaña: tapa. Todo son degradados, brillos, destellos naranjas y estelas digitales que parecen salidas de un filtro de Instagram de 2014. La línea de Larraz, que es fina y nerviosa y lo cuenta todo, se pierde debajo de tanto fuego y tanta luz de neón. Las explosiones son manchas, los fondos son papilla turquesa y naranja, y hay viñetas en las que tienes que entornar los ojos para saber quién le está pegando a quién. Es como poner una salsa barbacoa encima de un jamón de bellota: no está malo, pero no hacía ninguna falta.

Spider-Man esquiva los disparos de Ravage entre estelas y destellos naranjas sobre un fondo turquesa
Larraz debajo de tanto destello. Dibujo de Pepe Larraz, color de Federico Blee. © Marvel

The Amazing Spider-Man #1002 tiene un buen guion, un dibujante de los que hacen afición y una idea muy potente, la del primo que le echa en cara a Peter todo lo que le ha hecho pasar a su tía. Pero se queda a medio gas por un final que no cierra nada y por un color que convierte a Larraz en un dibujante cualquiera, que es lo más difícil que se puede hacer con Larraz. Que alguien le dé a ese hombre un colorista que le respete. O que le dejen en blanco y negro, que también lo firmo.

¿Merece la pena?

Un guion con nervio, un Pepe Larraz en estado de gracia y una idea potentísima, lastrados por un final que no cierra nada y por un color que tapa el dibujo en lugar de acompañarlo.

6,5/10 · Bien

A favor

  • Pepe Larraz: coreografías, caras y encuadres de los que hacen afición.
  • La idea del primo que le echa en cara a Peter todo lo que ha hecho pasar a May.
  • El prólogo mudo con Peter, Ben y May mirando fotos.

En contra

  • El color: degradados, brillos y destellos que entierran la línea de Larraz.
  • Un final que no resuelve nada y te manda a leer Armageddon.
  • Peter confía en Ravage sin que el cómic explique por qué.